No va a pasar nada, es lo que decía Rocha Moya. Ahora surge una pregunta más en este caso, ¿Dónde está Rocha? y es que no se sabe públicamente. Pero seguramente la inteligencia en México, los encargados de la seguridad, ellos si saben en dónde está. Parecería que intentan evitar la detención ante la supuesta amenaza, esa de que si yo caigo, caen todos. Lo cierto es que donde quiera que se encuentre, tiene escolta para protegerlo, y pagado con dinero público.
Bueno, esa declaración fue el lunes pasado. Aquí también surge la pregunta ¿van a tener escoltas y se encuentran bien ubicados los otros coacusados? Por ejemplo, el exalcalde de Culiacán, Juan de Dios Gámez, o el fiscal adjunto, Damaso Castro, pidieron licencia a sus cargos. El exsecretario de Finanzas, Alfonso Díaz Vega, está convertido en un próspero y sospechoso constructor porque obtuvo permisos cuando aún estaba en el gobierno de Sinaloa. Es el que dicen que le pasaba dinero a los hijos de López Obrador, a Andi y a Bobby. Se desconoce si sigue en Sinaloa. El que se movió fue el exsecretario de Seguridad Pública del Estado, Gerardo Mérida Sánchez, quien se ha comparado y se asegura que era algo así como el Bermúdez Requena de Rocha Moya. Un juez federal en Michoacán le otorgó un amparo que frena de manera inmediata cualquier orden de detención con fines de extradición o cualquier resolución judicial que implique entregarlo a los Estados Unidos. De quienes que no hay información clara es de los otros funcionarios de seguridad porque dejaron sus cargos. Algunos hasta pidieron su retiro anticipado. Se especula que pudieron irse a otro estado. Tal vez encontrar otro trabajo en materia de seguridad, o ya pensando de otra manera algún grupo criminal probablemente los pueda fichar. La embajadora emérita de México, Martha Bárcena, dice que nuestro país está jugando con fuego al no detenerlos. (