A un costado de la carretera que conduce a la sindicatura de Imala, antes de llegar a su histórica catedral, se encuentra un pequeño negocio que durante los últimos cinco años se ha convertido en una forma de sostener a una familia.
Cristina se dedica a la elaboración de coricos, galletas con dulce de leche y pan, hechos poco a poco de acuerdo con la producción de cada día.












