Mazatlán, Sinaloa.— Isvi es ingeniero de profesión, pero hace ocho años descubrió en el tatuaje una vocación que comenzó como pasatiempo y terminó convirtiéndose en un proyecto de vida.
Con horas de práctica y disciplina, dejó atrás las dudas y los comentarios de quienes cuestionaban su decisión de dedicarse al arte sobre la piel.
“Cada quien tiene un talento escondido que por azares del destino puede descubrir, o quizá nunca lo descubre, y así lo descubrí yo, fui aprendiendo a no quedarme con el qué dirán, la gente va a hablar al final de cuentas”, relata.
Fue así como emprendió Ink Fire, un estudio desde donde actualmente desarrolla su trabajo como tatuador y busca darle a cada diseño un significado particular para quien decide llevarlo en la piel.

Su preparación como ingeniero, explica, también ha influido en su manera de trabajar, principalmente por la disciplina, la precisión y la atención a los detalles que requiere su profesión.
“Si algo he aprendido en estos ocho años es que no debemos tenerle miedo a intentar algo diferente, a veces ahí, en eso que nunca imaginaste hacer, puedes encontrar lo que realmente te apasiona y terminar construyendo tu propio camino.”
Ahora combina ambas facetas en un mismo proyecto, mientras continúa capacitándose y perfeccionando su técnica.