Tras un vertiginoso giro político en el que Rubén Rocha Moya intentó retomar las funciones de la gubernatura el pasado viernes 21 de agosto, para después solicitar licencia de nueva cuenta la tarde de este sábado, la dirigencia del Partido Revolucionario Institucional (PRI) en Mazatlán sostuvo que el rechazo social y político fue absoluto.
La presidenta del comité municipal del tricolor, Maribel Chollet Morán, afirmó que el mandatario “nunca asumió el cargo de nueva cuenta” en términos reales, debido a que violentó el procedimiento institucional previamente establecido por el Congreso del Estado de Sinaloa al nombrar a Yeraldine Bonilla para cubrir la suplencia.
“El miedo no anda en burro. La respuesta, el rechazo y el repudio fue total... Ha sido un capítulo vergonzoso y aberrante”, aseveró Maribel Chollet.
Chollet Morán señaló que Rocha Moya debió acatar los protocolos legislativos para su reincorporación formal. Asimismo, acusó que su actuación fue producto del acorralamiento político por parte de instancias nacionales e internacionales.
Entre ellas, destacó las advertencias desde el Congreso de la Unión sobre un posible juicio político y de desafuero, promovidos por legisladores de oposición como Kenia López Rabadán, así como el distanciamiento explícito de figuras clave de su propio partido, como el senador Ricardo Monreal.
“Lo han dejado solo los mismos con los que hasta el día de hoy estamos pidiéndoles que le quiten el manto de impunidad”, añadió la dirigente.
Oposición exige desaparición de poderes en Sinaloa
Cuestionada sobre la viabilidad de aplicar la fracción V del Artículo 76 constitucional, que faculta al Senado para declarar la desaparición de poderes en un estado, Chollet Morán respaldó la medida:
“Considero más que urgente y necesaria la desaparición de poderes en Sinaloa, porque hay condiciones claras de ingobernabilidad y no existen las instituciones confiables que merecemos los sinaloenses”, finalizó Chollet Morán.
Para la dirigencia priista, este doble repliegue de Rocha Moya no representa una salida política digna, sino la confirmación de un gobierno en ruinas: el abandono de su propio partido consumó el colapso institucional en Sinaloa y dejó al mandatario a un paso de responder ante la justicia sin escudo ni aliados.














