Cada pétalo de la flor que hoy conocemos como cempasúchil encierra un legado ancestral.
Su nombre proviene del náhuatl cempohualxōchitl, que se puede traducir como “veinte flores” o “varias flores”.
Como origen en tiempos prehispánicos, esta flor era ya empleada por los pueblos Nahuas y Mexicas, no sólo para adornar tumbas, sino como un puente entre lo visible y lo invisible.
Su color, en tonos dorados, naranjas y amarillos intensos, y su aroma penetrante, eran considerados guías: los pétalos se esparcían en caminos desde la puerta de la casa hasta el altar, para que las almas pudieran seguir la ruta de regreso a casa durante el Día de Muertos.
Los Mexicas identificaban su brillo como el del sol, que al sentirse apartado de los vivos, aún ofrecía su tibieza para iluminar a los difuntos en tránsito.
¿En qué se usa la flor de cempasúchil en la actualidad?
Hoy, además de su profundo valor simbólico, la flor de cempasúchil se cultiva para ofrendas, pero también encuentra un lugar en la medicina tradicional y en la cocina, en la agricultura, en los campos donde el viento arrastra sus semillas, el cempasúchil sigue siendo un vínculo vivo entre quienes somos y quienes nos precedieron.
Una flor que trasciende el tiempo, uniendo lo que fue, lo que es, y lo que será.