En la misión Artemis II, y en otros viajes espaciales, los astronautas no pueden comer comida normal. Todo viene en paquetes especiales y la mayoría es comida deshidratada, es decir, sin agua. Antes de comerla, le agregan agua para poder rehidratarla dentro de bolsas selladas.
Incluso hay platillos como cóctel de camarones o macarrones con queso, pero todo está diseñado para sobrevivir en gravedad cero, donde las migajas flotan. Y eso puede ser un problema, porque pueden entrar en equipos o en los ojos, por eso casi no usan pan como en la Tierra.
Y el agua tampoco se toma como aquí. En el espacio, el agua no se derrama: forma burbujas flotantes gracias a la tensión superficial, creando gotas perfectas que los astronautas pueden atrapar y beber directamente.
Pero lo más interesante es lo que pasa dentro del cuerpo. Aunque no hay gravedad para “bajar” la comida al estómago, el cuerpo usa la peristalsis, un movimiento muscular que empuja los alimentos a lo largo del esófago.
Y en el estómago pasa lo mismo: la peristalsis mezcla todo con los jugos digestivos sin necesidad de gravedad. Aun así, al cambiar el entorno, los gases y líquidos no se comportan igual, y es común que los astronautas tengan más gases en el espacio.