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VIDEO| La tecnología del reconocimiento facial: accesos instantáneos y sus riesgos ocultos

El reconocimiento facial ha transformado nuestra interacción con la tecnología, ofreciendo accesos inmediatos y seguridad mejorada.

Es la tecnología que permite desbloquear un teléfono en segundos, ingresar a un lugar sin mostrar una identificación y con ella no hace falta recordar una contraseña o incluso tocar una pantalla, basta con mirar.

Se trata del reconocimiento facial que de acuerdo con expertos en tecnología se ha convertido en una herramienta cada vez más presente en la vida cotidiana, como en los teléfonos celulares, sistemas de seguridad, bancos, aeropuertos, comercios y en algunos lugares, cámaras instaladas en espacios públicos.

Pero detrás de esa mirada aparentemente inocente, señalan que existe una tecnología capaz de convertir el rostro de una persona en un dato digital, pues a diferencia de una contraseña, el rostro acompaña a una persona durante toda su vida.

Aseguran que cuando un sistema almacena información biométrica, no guarda simplemente una fotografía, sino que analiza características del rostro, como la distancia entre la nariz y los ojos, la forma de la nariz o la estructura facial, para generar una representación matemática que posteriormente puede utilizarse para identificar o verificar a una persona.

Mencionan que puede facilitar el acceso a dispositivos, agilizar procesos, ayudar a prevenir determinados fraudes y reforzar sistemas de seguridad, pero la tecnología tampoco es infalible, pues expertos afirman que su sistema también puede cometer errores, confundir rostros o generar identificaciones incorrectas.

Y cuando una equivocación ocurre, las consecuencias pueden ser mucho mayores que simplemente no poder desbloquear un teléfono. Por eso especialistas de organizaciones de derechos digitales han insistido en la necesidad de establecer reglas claras sobre su utilización.

Aseveran que no se trata únicamente de preguntar si una cámara puede reconocer nuestro rostro, sino quién puede acceder a esa información, bajo qué condiciones y quién responde cuando el sistema se equivoca.

Durante años se habló de proteger contraseñas, números telefónicos y datos bancarios. Ahora el debate se extiende a la información biométrica. El rostro, la huella dactilar, el iris y otros rasgos físicos pueden convertirse en identificadores digitales, y mientras más servicios utilizan estos mecanismos, mayor es la cantidad de información sensible que circula alrededor de una persona.

Relatan que el verdadero desafío consiste en determinar cuánto estamos dispuestos a pagar por ella, porque detrás de cada desbloqueo instantáneo, cada acceso automatizado y cada cámara capaz de reconocer a una persona, existe una pregunta que pocas veces aparece en pantalla. ¿Quién está mirando del otro lado?

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