Su negocio tiene llantas, volante y una historia; se trata de un viejo camión urbano que se convirtió en el medio de trabajo de Alfonso Arce, un barbero que encontró en este oficio una segunda oportunidad.
Relata que, estuvo recluido 8 años en las Islas Marías, donde aprendió a cortar el cabello, con lo poco que tenía; sin talleres, ni cursos avanzados, pero fue hasta que recuperó su libertad que, decidió dedicarse a la barbería como una forma de ganarse la vida honradamente.
Originario de Culiacán, junto a su esposa y cuatro hijos, señala que, consiguió un camión urbano, al que transformó poco a poco, renovó el piso, instaló aire acondicionado, espejos, muebles, maquinaria para cortes y hasta paneles solares.













