Los inviernos en Sinaloa no son blancos, son rosados por las amapas. Y en esta temporada, Culiacán se transforma, entre enero y junio, las amapas, uno de los árboles más emblemáticos de la ciudad, comienzan a florecer, llenando calles, camellones y parques de un rosa intenso que alcanza su mayor esplendor en febrero y marzo.
Hoy, los cerros que rodean la ciudad están pintados de este color, ofreciendo un espectáculo natural que sorprende a automovilistas y senderistas. No solo es un deleite para la vista: estas flores también dan sombra y ayudan a mitigar el calor característico de nuestra ciudad.
Lo que hace que este color sea tan vibrante tiene una explicación en la biología de las amapas. La intensidad de este rosa depende de las condiciones del invierno previo: los periodos de sequía y las horas de luz solar recibidas, estimulan al árbol a concentrar su energía en la floración.
Tras un invierno seco, los árboles liberan sus hojas y despliegan un estallido masivo de flores, asegurando su descendencia y regalándonos paisajes que son de los más espectaculares de la última década.
Ver estos paisajes rosas no es solo un regalo estético; es una invitación a disfrutar, a caminar y a reconectar con nuestras áreas verdes.
En Culiacán, la primavera llega antes de tiempo, y lo hace de la manera más hermosa posible: con cerros que se tiñen de rosa.