En Bangkok, Tailandia, una trabajadora de limpieza escuchó el llanto de un bebé en el tercer piso de un edificio y, al revisar el tanque del inodoro, descubrió a una recién nacida sumergida parcialmente en agua.
La bebé, que aún conservaba el cordón umbilical no portaba ropa al momento de ser encontrada y presentaba manos pálidas y encogidas, presuntamente a causa del tiempo que permaneció sumergida en el agua.
Fue rescatada con vida por elementos de emergencia. Pesaba apenas 2.7 kilogramos, tenía menos de un día de vida y se encontraba en estado crítico.
Ese mismo día, un recolector de basura encontró a un recién nacido sin vida dentro de un contenedor, junto a restos de placenta y medicinas.
Las autoridades revisan cámaras de seguridad para identificar a los responsables de ambos abandonos.
Dos casos que conmocionan y alertan sobre la vulnerabilidad de los recién nacidos.