Hoy en Los zapatos de… nos adentramos en un oficio donde las manos, los colores, los pinceles y más son clave para devolverle la vida a piezas que muchos creerían perdidas.
En esta ocasión conocimos a Verónica, quien día a día recibe en su taller figuras dañadas, quebradas o desgastadas, a las que les devuelve su forma y apariencia, respetando su historia y el valor que representan para sus dueños.
“La restauración para mí es cuando tienes una figura quebrada y la empiezas a ver como si fuera un rompecabezas, y de ahí darle una segunda oportunidad”.
Su jornada depende del proceso de cada pieza, ya que algunas requieren varias etapas de secado, resane y pintura.
Verónica nos puso en su lugar y nos enseñó a identificar el daño de una pieza y a limpiarla; también aprendimos a resanar, lijar y preparar la superficie para poder pintar desde cero la pieza que seleccionamos, utilizando materiales como resinas, yeso y pinturas, junto con herramientas como pinceles, lijas y espátulas.
Entre resanes, pintura y detalles: su rutina diaria.
Para ella, cada pieza representa un reto diferente debido a los distintos materiales, lo que convierte este oficio en un aprendizaje constante.
Más allá de la técnica, este trabajo requiere paciencia, tiempo y precisión, ya que muchas personas piensan que restaurar es solo pegar; sin embargo, detrás de cada pieza hay todo un proceso.
En los zapatos de una restauradora, descubrimos que este oficio es una combinación de técnica, paciencia y pasión, donde cada pieza recuperada representa una historia que continúa.