Entre ensayos, zapateados y trajes de colores de distintos estados, Sylvia Ramírez ha hecho de la danza su vida.
Hoy, en los zapatos de Sylvia, conocimos lo que significa enseñar danza folclórica, el cual es un oficio que resalta en ciertas épocas del año, como es en septiembre, mes donde el baile y la historia celebran la identidad mexicana.
"He aprendido y me han dejado muy bonitas experiencias"
Sylvia Ramírez, directora y maestra de danza folclórica, comentó: "He aprendido y me han dejado muy bonitas experiencias, diferentes tipos de generaciones. Esta generación, híjole, tienes que idear para poder llegarles porque es una generación que fue muy platicadora o muy creativa".
Ser maestra de danza, dice, no es solo transmitir pasos, sino hacer llegar a cada generación el amor a la cultura de sus raíces, lo que ha logrado adaptarse a cada forma de expresión de los jóvenes.
Un oficio que llena el corazón
Sylvia nos enseñó algunos pasos básicos del estado de Sinaloa, como zapateado de tres, remates, giros, tener una postura adecuada y expresión corporal, que es importante para cada presentación. Al tener claros los pasos o secuencias, me enseñó una coreografía que es parte de la cultura sinaloense.
"Porque aparte de dejarles una pasión, o más bien enseñarles que se entreguen a dejarlo todo en el escenario, aprenden de culturas. Me encanta explicarles cada cuadro que voy a hacer, el porqué así, porqué no, porque es importante que los bailarines sepan lo que están haciendo", agregó.
Destacó que la danza le ha permitido conocer México y ahora como directora y maestra lo vive de otra forma, a través de sus alumnos, con una misma magia.
"Pues simplemente es uno mismo, es uno mismo. Es donde vienes y es tu otra casa, tu otra familia por elección. Te olvidas de problemas, lo das todo. De momento es bailar y entregarte y que a través de tu cuerpo te muestras muchas cosas que en otras ocasiones calla tu boca", señaló.
Para Sylvia, ser maestra de danza es tener una segunda familia, un espacio donde los problemas se dejan fuera y solo queda la entrega.
En los zapatos de Sylvia, aprendimos que esta danza no solo es movimiento, es identidad, amor y pasión que une a generaciones por medio de música y pasos que llenan el corazón de quienes la practican.
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