Hoy, en Los Zapatos de, nos tocó moldear el barro y conocer uno de los oficios más antiguos que aún se conservan en Culiacán.
Entre el sol, la tierra y el fuego, conocimos un poco más del trabajo de los ladrilleros, quienes continúan fabricando cada pieza de manera completamente artesanal.
En esta ocasión, acompañamos a José Ramón y Joel Medina, quienes desde hace años se dedican a elaborar ladrillos desde cero, un oficio para el que, aseguran, se necesita paciencia y fuerza.
“Pues sí, mi apá era ladrillero y ahí le seguimos nosotros.”
“Yo no, la verdad, me enseñé a hacerlo aquí. Yo me vine y me enseñé a hacerlo”.
Un proceso artesanal: cada ladrillo lleva su tiempo
Explicaron que la jornada comienza desde muy temprano. Primero se prepara la tierra, se mezcla con agua y se bate hasta lograr la consistencia ideal. Después, el barro se coloca en moldes para darle forma a cada ladrillo, proceso que nos enseñaron en esta ocasión.
Aunque moldearlos toma solo un día, el proceso no termina ahí. También nos enseñaron que las piezas deben secarse durante varios días bajo el sol antes de ser trasladadas al horno, donde el fuego les da la resistencia necesaria para formar parte de casas, bardas y todo tipo de construcciones.
Bajo el sol y la lluvia: un trabajo que persiste
También nos tocó ponernos a trabajar. Entre el peso del barro, el calor y el esfuerzo físico, comprendí que cada ladrillo requiere mucho más que fuerza.
Joel y José señalaron que las altas temperaturas acompañan cada jornada, mientras que la lluvia puede detener el trabajo durante días. Por eso, cada pieza debe cuidarse constantemente para evitar que la humedad arruine el esfuerzo de varios días.
Más que barro: un oficio que construye historias
Destacaron que, aunque hoy su trabajo ha enfrentado cambios, como las bajas ventas y las dificultades para continuar con la elaboración de ladrillos, ellos mantienen viva una tradición que ha pasado de generación en generación y que sigue siendo fundamental para la construcción.
En los zapatos de José y Joel, descubrimos que detrás de cada ladrillo no solo hay barro y fuego, sino también madrugadas, esfuerzo, manos marcadas por el trabajo y personas que, con dedicación, siguen construyendo los cimientos de muchas historias.