Su nombre es Dulce María. Su diagnóstico es esclerosis temporal mesial.
Médico cirujano de profesión, de 43 años de edad, relata que fue en el año 2008 cuando su mundo dio un giro inesperado. Al ser trabajadora de la salud, nunca imaginó despertar intubada, conectada a un respirador artificial y luchando por su vida.
Más de 18 años en batalla
Postrada en una cama, casi sin poder moverse y con la poca fuerza que señala aún le queda tras los intensos tratamientos a los que se somete, menciona que han sido casi 18 años de sufrimiento. Su enfermedad le provoca crisis convulsivas, ansiedad y depresión, además de pérdida de peso, caída de cabello y pérdida de dentadura.
“Pum, me desconecté, caí completamente, sin saber de mí ni nada; y cuando desperté, estaba con un tubo en la garganta, con una sonda en la nariz y con una sonda para orinar. Como no cedían las convulsiones, entré en estatus epiléptico y me tuvieron que inducir al coma para no caer en paro respiratorio”.
Continúa trabajando: da consultas los fines de semana
Dulce María menciona que, a pesar de todo, sus ganas de seguir laborando en lo que más le apasiona, la medicina, son más fuertes. En silla de ruedas, con cubrebocas y sonda, acude a brindar consultas a sus pacientes.
Sin embargo, detalla que, debido a su condición, ha sufrido discriminación, rechazo e incluso la negación de servicios de salud, ya que sus tratamientos son costosos.
El costo del tratamiento es elevado
Para poder continuar con su tratamiento, requiere ser intervenida en un hospital de la Ciudad de México. Así, Dulce lucha día a día por salir adelante, a pesar de una enfermedad que ha complicado su vida cotidiana.
Si usted desea apoyarla en sus sueños, puede comunicarse al siguiente número telefónico: 667 716 2600.