Harina, huevos, azúcar, frutas y muñecos de niño Dios, se pusieron en manos de integrantes de un centro de rehabilitación en Mazatlán, para elaborar la rosca de reyes como toda una tradición.
La esperanza también se amasa, con esta actividad que realizan año con año, va más allá de una simple receta por hacer, sino que se convierte en una herramienta de aprendizaje y motivación personal, según lo comenta el director del centro de rehabilitación.
“La función principal es que el jóven que ingresa pueda aprender un beneficio dentro de su propio proceso y pueda salir para buscar un trabajo digno con la sociedad”, comentó Sergio Osuna, encargado.
Mencionan que, desde muy temprano, el aroma a pan recién horneado inunda sus pasillos. Vestidos con mandil, gorro y cubrebocas, los participantes a la elaboración son guiados por un panadero profesional, dándoles instrucciones paso a paso para medir los ingredientes, preparar la masa, darle forma a la rosca y decorar con frutas.


Señalan que este taller para ellos es principalmente para ofrecer a los internos no sólo tratamiento y seguimiento psicológico, sino que también el darles herramientas prácticas para su vida futura, aprendiendo disciplina, trabajo en equipo y responsabilidad, valores fundamentales para su proceso de recuperación.
“Es motivante y satisfactorio el poder ver a una persona con agradecimiento y que pone su esfuerzo, sabiendo que lo que recibe a cambio también es sentirse bien y útiles con la nueva forma de vida que empiezan a llevar, y creo que en su momento todos tenemos esta manera de ir creciendo”, añadió el encargado.


Mencionan que, a su vez, rescatan una tradición profundamente arraigada en la cultura mexicana. Por otro lado, brinda a los internos la oportunidad de sentirse útiles y productivos.
Cada rosca terminada representa para ellos un logro tangible, un recordatorio de que son capaces de crear algo bueno con sus manos.
La Rosca de Reyes: tradición y significado que une a las familias cada 6 de enero
