Su nombre es Alberto Velazco Terán, radica en Mazatlán, Sinaloa. Está a punto de cumplir 80 años y por no cobrar su pensión en un par de ocasiones, fue declarado como muerto y se quedó sin su única fuente de ingreso, al mismo tiempo que perdió contacto con su familia.
Don Alberto fue sacado de su casa por no pagar la renta y en su depresión cayó en el alcohol, durmiendo por dos años en un parque. Por fortuna, vecinos de la colonia Santa Teresa en el puerto lo apoyan día a día, prestándole un lugar dónde dormir y dándole de comer, ya que él se niega a vivir en un asilo.
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"Los tacos, acá, allá. Gracias a Dios y a esas personas no me he muerto de hambre. ‘¿Cuántos le doy?’, ‘no me debe nada’ (...) De mí depende si vuelvo otra vez a andar juntando cosas en la basura”, platicó a los micrófonos de Fuerza Informativa Azteca.
"No, porque ya los conozco. Ya los conozco (a los del asilo), ellos tratan de ayudarme. ‘No vas a salir eh, aquí tienes que estar, ¿A dónde vas?’. Yo nací libre”.
Alberto, detalló que en sus problemas de alcoholismo se gastaba todo su dinero, dormía hasta en los panteones y por poco pierde la vida, sin embargo, dijo haber cambiado y superado dicha adicción, con la mira puesta en volver a estar con su familia y disfrutar el resto de su vida con ellos.
"Y ya estoy otra vez en la jugada. Me estaba acabando (el alcoholismo), sino ahorita, híjole. Y yo le doy gracias a Dios que ya no se me antoja a seguir tomando", dijo. "Ya no puedo, y ya no quiero, porque gracias a Dios, mi alcoholismo en ese aspecto ya lo rebasé (...) Me derrumbé hasta lo peor. Hasta, uff… ya me hubiera muerto".

Alberto Velasco explicó que perdió una biblia en donde tenía los contactos de su familia que vive en Ciudad de México, Puebla, Veracruz y Guadalajara, y hoy aprovechó los micrófonos de Fuerza Informativa Azteca para poder contactarlos y estar con ellos nuevamente.
"Que estoy vivo, que en cualquier momento yo voy a ir para allá”, es el mensaje que quiere hacer llegar a sus familiares. “Mi hermana es mayor que yo, eh. Me preocupa eso".
– ¿A usted le gustaría irse a vivir con su familia? – “Claro que lo voy a hacer. Yo tengo que reincorporarme a ellos que me ayudan".
Alberto se mantiene sonriente, agradecido con los vecinos que le han abierto las puertas de su casa, feliz por haber superado su adicción al alcohol y con toda la esperanza de que pasará los años que le quedan de vida con su amada familia.
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